En los espacios en que la ciudad viene a ser un tema de conversación
resulta extraño que no se mencione a la de Ciego de Ávila.
Recientemente le escuché decir a la doctora Alicia García Santana, una
de las voces más autorizadas en el tema, que observó en ella un loable
trabajo en la labor de rescate y puesta en valor del patrimonio
cultural que atesora, y la consideraba de un mérito incuestionable.
Por supuesto, Alicia García es de esas investigadoras cuya agudeza le
permite mirar al conjunto por encima de intervenciones puntuales que
puedan erigirse en signo de las posturas extremas en toda teoría
patrimonial. Esa nobleza para entender belleza en aquellas empresas
respaldadas por el deseo de hacer fructificar un proyecto desde sus
orígenes, al margen de grandilocuencias, deja importantes resultado.
Sin embargo, a fin de evitar erróneas comparaciones con otras
ciudades, recordemos que Ciego no es una de las primeras ciudades
cubanas, sino más bien una de sus hijas y dentro de esas madres, la
suya es quizás la más tradicional de todas, la nombrada entonces Santa
María del Puerto del Príncipe, hoy Camagüey.
Sobre estos antecedentes, el criterio de Alicia y el reconocimiento
del que goza su "progresar" en tiempos tan difíciles, me aventuré a
penetrarla hasta donde me fuera posible los días 13, 14 y 15 de julio;
tres inquietas jornadas que a modo de crónicas de viajes, comparto con
ustedes, amigos de el Advenedizo. No lo olvide, este es solo el mirar
de un forastero.
Ya sabemos cuán complejo es hoy hacer turismo nacional. Si bien ahora
Astro ofrece la posibilidad de sacar pasaje de ida y regreso desde
cualquiera de las agencias existentes en la isla, la inexistencia de
una red de instalaciones en las que reservar un hospedaje convierte en
utopía el sueño de conocer el país. Pero las utopías merecen ser
defendidas, de modo que si se pone serio empeño en ello, por más que
reúna todos los rasgos de irrealidad inherente a la utopía, debe
ponerse pleno empeño en su materialización.
Con buena suerte puede usted empezar su gestión por un levantamiento
de las instalaciones de Ciego y con el ánimo de "resolver" inicia un
pezquisaje por teléfono. Como soñar ha de hacerse en grande se piensa
primero en un hotel ubicado en el centro de la ciudad, en el Hotel
Santiago Habana, ubicado en la calle Honorato del Castillo y Carretera
Central con teléfono 225772 o en el Sevilla, en pleno boulevard de la
ciudad, Calle Independencia entre Maceo y Honorato del Castillo, con
teléfono 225772. Ese será el comienzo para intentar descubrir a Ciego
de Ávila, una ciudad en constante y fructífera riña con su hermana
Morón.
martes, 17 de julio de 2012
Pancha plancha… : Patrimonio colonial doméstico en el Museo Ignacio Agramonte.
Incitando a recordar el trabalenguas popular: "Pancha plancha con
cuatro planchas, ¿con cuántas planchas Pancha plancha?", la museóloga
Yudenia Martínez García presenta la muestra del mes de julio en el
Museo Provincial Ignacio Agramonte y Loynaz: cuatro piezas que narran
el desarrollo tecnológico de ese equipo doméstico al que el hombre
contemporáneo ha intentado echar a un lado a partir de la conquista de
tejidos que por textura o renovados gustos estéticos evaden sus
servicios.
Las piezas, cuatro planchas, "con las que Pancha plancharía",
pertenecen a la colección de objetos históricos y todas se ubican en
tiempos anteriores a las que llegarían a estrechar vínculos con la
corriente eléctrica. Por su estilo, cada una de estas planchas
incitan a penetrar en el contexto en que fueron hechas y no solo por
su relación con la fuente energética que utilizan, sino también por la
relación que cada una de ellas debió establecer con su primigenio
propietario o los que vendrían tras él.
Tres de las planchas que se exhiben son de hierro y se subordinan al
uso del carbón, sin embargo hay marcadas diferencias entre ellas. De
las que se han de poner directamente al carbón la menor, parece estar
diseñada para piezas o accesorios de vestir pequeños, mientras que la
segunda, de planta triangular, se presenta como la más popular de
todas, tan popular, que recuerdo en mi niñez ciertos rumores que la
revelaban muy eficaz en la neutralización de algún enemigo, pues solo
bastaba escribir su nombre en papel de cartucho y colocarlo debajo de
este pesado artefacto en algún rincón de la casa o en el patio. El
tercer exponente del conjunto responde a la necesidad de mantener la
temperatura de forma permanente durante el planchado, de ahí el
depósito de carbón sobre su base y la presencia de una tapa para
lograr cierto hermetismo.
Como himno al progreso se muestra la cuarta pieza, perteneciente a la
primera mitad del siglo XX, y fruto del uso del keroseno en equipos
domésticos como cocinas y refrigeradores. Diseñada por la firma
comercial norteamericana Sure Flamez, el equipo destierra el empleo de
metales pesados como el hierro para incorporar aleaciones que las
dotan de mayor manualidad.
cuatro planchas, ¿con cuántas planchas Pancha plancha?", la museóloga
Yudenia Martínez García presenta la muestra del mes de julio en el
Museo Provincial Ignacio Agramonte y Loynaz: cuatro piezas que narran
el desarrollo tecnológico de ese equipo doméstico al que el hombre
contemporáneo ha intentado echar a un lado a partir de la conquista de
tejidos que por textura o renovados gustos estéticos evaden sus
servicios.
Las piezas, cuatro planchas, "con las que Pancha plancharía",
pertenecen a la colección de objetos históricos y todas se ubican en
tiempos anteriores a las que llegarían a estrechar vínculos con la
corriente eléctrica. Por su estilo, cada una de estas planchas
incitan a penetrar en el contexto en que fueron hechas y no solo por
su relación con la fuente energética que utilizan, sino también por la
relación que cada una de ellas debió establecer con su primigenio
propietario o los que vendrían tras él.
Tres de las planchas que se exhiben son de hierro y se subordinan al
uso del carbón, sin embargo hay marcadas diferencias entre ellas. De
las que se han de poner directamente al carbón la menor, parece estar
diseñada para piezas o accesorios de vestir pequeños, mientras que la
segunda, de planta triangular, se presenta como la más popular de
todas, tan popular, que recuerdo en mi niñez ciertos rumores que la
revelaban muy eficaz en la neutralización de algún enemigo, pues solo
bastaba escribir su nombre en papel de cartucho y colocarlo debajo de
este pesado artefacto en algún rincón de la casa o en el patio. El
tercer exponente del conjunto responde a la necesidad de mantener la
temperatura de forma permanente durante el planchado, de ahí el
depósito de carbón sobre su base y la presencia de una tapa para
lograr cierto hermetismo.
Como himno al progreso se muestra la cuarta pieza, perteneciente a la
primera mitad del siglo XX, y fruto del uso del keroseno en equipos
domésticos como cocinas y refrigeradores. Diseñada por la firma
comercial norteamericana Sure Flamez, el equipo destierra el empleo de
metales pesados como el hierro para incorporar aleaciones que las
dotan de mayor manualidad.
jueves, 28 de junio de 2012
Bueno, bonito y barato. Camagüeyanos en la XI Bienal de La Habana.
La Oncena Bienal, realizada entre el 11 de mayo y el 11 de junio de
2012, vino a ser una lección de ética y estética para cualquier
receptor, una encrucijada que exigía agudeza para penetrar en los
intersticios de una realidad insoslayablemente compleja; tan compleja
e insoslayable como el hecho de subrayar la autenticidad y cubanía de
obras realizadas por artistas radicados en otros contextos o aquellas
que, pensadas o elaboradas por residentes en Cuba, no podrían
realizarse sin el financiamiento de patrocinadores extranjeros.
Especial espacio merece el proyecto curatorial Sopa 3B, del
licenciado Juan Gutiérrez Sartre, una suerte de expo venta bajo los
presupuestos de bueno, bonito y barato en el que los artistas devienen
"cuentapropistas" y, por tanto, someten a consideración del público
sus producciones artísticas bajo el simbólico o "módico" precio de 1
CUC o su equivalente en Moneda Nacional, 25 pesos. ¿Anuncio de "nuevas
prácticas artísticas e imaginarios sociales"? Un paralelo entre Sopa
3B, con sede en el entorno de la Galería Wifredo Lam, en Marianao y La
caza del éxito, curaduría de Nelson Herrera Ysla, en el Centro de
Desarrollo de las Artes Plásticas, ubicado en la Plaza Vieja del
Centro Histórico de La Habana, Patrimonio de la Humanidad, permite
algunas consideraciones al respecto.
Mientras La caza… legitimaba en el espacio galerístico la
reconstrucción popular de las obras de los maestros vanguardista del
arte en Cuba y América: Lam, Víctor Manuel, Mariano, Frida Kalo y
Botero, entre otros, junto a elementos símbolos de la República
Neocolonial como balaustradas lumínicas, copones, leones, chapas de
automóviles y cuantas figuras de yeso podamos imaginar; Sopa 3B se
sumergía en la práctica de propiciar al transeúnte del entorno del
anfiteatro de Marianao la adquisición de una obra de factura y
concepto legalmente contemporáneo. De modo que si La caza… proponía un
discurso museográfico integrado por obras de probada demanda en el
ámbito urbano capitalino —con franca extensión al interior de la
isla—; Sopa 3B construía una especie de timbiriches en los que
adquirir, no a través de un intermediario como ocurre en el caso de
las re-reproducciones de La caza…, sino directamente a sus autores una
pieza artística. En la Plaza Vieja del centro Histórico de La Habana,
"artesanos, productores (como suelen llamarse ellos mismos) y en menor
cuantía artistas". En las inmediaciones del Anfiteatro de Marianao,
profesionales y creadores del Camagüey en un genuino salto de la
periferia —en cuanto a isla— a una periferia "otra" —en el ámbito
capitalino.
Así, durante tres jornadas (28, 29 y 30 de mayo), desde las 10 de la
mañana y hasta entrada la tarde, la memoria del Camagüey se hizo
mercancía en arte. La reciente producción de elefantes en óleo sobre
lienzo que conectan a Oscar Rodríguez Martínez (Oscar Jr.) con su
infancia, siempre con esa sólida composición y factura que él mismo se
exige; las sólidas escenas callejeras de Asniel Herrera (Chuly) que
parecen desdibujarse tras el paso de un tiempo reciente, y las
imágenes de una ciudad que se resiste a perderse en los paisajes de
Enrique Murgas, Alí Hamouní y, en una dimensión de mayor
universalidad, en las citadinas de Jorge Luis Pulido, alternaron con
las sólidas figuras, fantasmagóricas por su lejanía, de Joel González
Pallerolls, los grabados de Alexis Pérez Ruiz, Marlon García Sardiñas
y la invitada Silvia Nacy Barrios quienes jugaban con la gráfica de
los 60 ahora recontextualizada en el siglo XXI. A ello se añadía el
juego que establece Eduardo Castillo mediante la combinación de una
tecnología ya en desuso —disquete 3 ½ — y la siempre picardía erótica
que ha acompañado a los seres humanos de por vida y las estampas
fotográficas de carácter teatral de Annielsis Pérez.
De todo había en la viña del Señor. Estaban allí las canoas de Eduardo
Rosales Ruíz, acompañadas de oportunos fragmentos de historias
publicadas en la prensa; los girasoles y una amplia gama de deidades
afrocubanas de Julio Hernández; los candentes comentarios de Néstor
Siré y la desalentadora poética existencial de Juan Gutiérrez Sastre y
Damián Borges de León; todos discursos que alzaban la voz, desde el
arte, por un espacio más tangible para los artistas. El quehacer
Kevin Ávila (Akero) con sus caricaturescos seres, los grabados de
Thaimí Bautista y Leonardo P. Rodríguez, los rostros en carboncillos
de Yanel Hernández Prieto, y la síntesis visual en las imágenes de
David González Pérez, retaron a los transeúntes de Marianao, muchos de
ellos, sin lugar a dudas, fieles amantes de las piezas que se
exponían en La caza del éxito.
Como aquel queso de Najasa o la barra de guayaba que intelectuales
camagüeyanos ofrecían a sus colegas habaneros en la primera mitad del
siglo XIX, así fue la oferta que artistas contemporáneos de la
localidad hicieron a la Oncena Bienal. Una producción artística,
auténtica, genuina, quedó allí, en algún lugar de La Habana.
Bienaventurados los que distanciados de La caza del éxito se
aproximaron a Sopa 3B, a esos 10 kioscos-timbiriches donde los
"artistas" expendían la buena, bonita y barata obra de arte
2012, vino a ser una lección de ética y estética para cualquier
receptor, una encrucijada que exigía agudeza para penetrar en los
intersticios de una realidad insoslayablemente compleja; tan compleja
e insoslayable como el hecho de subrayar la autenticidad y cubanía de
obras realizadas por artistas radicados en otros contextos o aquellas
que, pensadas o elaboradas por residentes en Cuba, no podrían
realizarse sin el financiamiento de patrocinadores extranjeros.
Especial espacio merece el proyecto curatorial Sopa 3B, del
licenciado Juan Gutiérrez Sartre, una suerte de expo venta bajo los
presupuestos de bueno, bonito y barato en el que los artistas devienen
"cuentapropistas" y, por tanto, someten a consideración del público
sus producciones artísticas bajo el simbólico o "módico" precio de 1
CUC o su equivalente en Moneda Nacional, 25 pesos. ¿Anuncio de "nuevas
prácticas artísticas e imaginarios sociales"? Un paralelo entre Sopa
3B, con sede en el entorno de la Galería Wifredo Lam, en Marianao y La
caza del éxito, curaduría de Nelson Herrera Ysla, en el Centro de
Desarrollo de las Artes Plásticas, ubicado en la Plaza Vieja del
Centro Histórico de La Habana, Patrimonio de la Humanidad, permite
algunas consideraciones al respecto.
Mientras La caza… legitimaba en el espacio galerístico la
reconstrucción popular de las obras de los maestros vanguardista del
arte en Cuba y América: Lam, Víctor Manuel, Mariano, Frida Kalo y
Botero, entre otros, junto a elementos símbolos de la República
Neocolonial como balaustradas lumínicas, copones, leones, chapas de
automóviles y cuantas figuras de yeso podamos imaginar; Sopa 3B se
sumergía en la práctica de propiciar al transeúnte del entorno del
anfiteatro de Marianao la adquisición de una obra de factura y
concepto legalmente contemporáneo. De modo que si La caza… proponía un
discurso museográfico integrado por obras de probada demanda en el
ámbito urbano capitalino —con franca extensión al interior de la
isla—; Sopa 3B construía una especie de timbiriches en los que
adquirir, no a través de un intermediario como ocurre en el caso de
las re-reproducciones de La caza…, sino directamente a sus autores una
pieza artística. En la Plaza Vieja del centro Histórico de La Habana,
"artesanos, productores (como suelen llamarse ellos mismos) y en menor
cuantía artistas". En las inmediaciones del Anfiteatro de Marianao,
profesionales y creadores del Camagüey en un genuino salto de la
periferia —en cuanto a isla— a una periferia "otra" —en el ámbito
capitalino.
Así, durante tres jornadas (28, 29 y 30 de mayo), desde las 10 de la
mañana y hasta entrada la tarde, la memoria del Camagüey se hizo
mercancía en arte. La reciente producción de elefantes en óleo sobre
lienzo que conectan a Oscar Rodríguez Martínez (Oscar Jr.) con su
infancia, siempre con esa sólida composición y factura que él mismo se
exige; las sólidas escenas callejeras de Asniel Herrera (Chuly) que
parecen desdibujarse tras el paso de un tiempo reciente, y las
imágenes de una ciudad que se resiste a perderse en los paisajes de
Enrique Murgas, Alí Hamouní y, en una dimensión de mayor
universalidad, en las citadinas de Jorge Luis Pulido, alternaron con
las sólidas figuras, fantasmagóricas por su lejanía, de Joel González
Pallerolls, los grabados de Alexis Pérez Ruiz, Marlon García Sardiñas
y la invitada Silvia Nacy Barrios quienes jugaban con la gráfica de
los 60 ahora recontextualizada en el siglo XXI. A ello se añadía el
juego que establece Eduardo Castillo mediante la combinación de una
tecnología ya en desuso —disquete 3 ½ — y la siempre picardía erótica
que ha acompañado a los seres humanos de por vida y las estampas
fotográficas de carácter teatral de Annielsis Pérez.
De todo había en la viña del Señor. Estaban allí las canoas de Eduardo
Rosales Ruíz, acompañadas de oportunos fragmentos de historias
publicadas en la prensa; los girasoles y una amplia gama de deidades
afrocubanas de Julio Hernández; los candentes comentarios de Néstor
Siré y la desalentadora poética existencial de Juan Gutiérrez Sastre y
Damián Borges de León; todos discursos que alzaban la voz, desde el
arte, por un espacio más tangible para los artistas. El quehacer
Kevin Ávila (Akero) con sus caricaturescos seres, los grabados de
Thaimí Bautista y Leonardo P. Rodríguez, los rostros en carboncillos
de Yanel Hernández Prieto, y la síntesis visual en las imágenes de
David González Pérez, retaron a los transeúntes de Marianao, muchos de
ellos, sin lugar a dudas, fieles amantes de las piezas que se
exponían en La caza del éxito.
Como aquel queso de Najasa o la barra de guayaba que intelectuales
camagüeyanos ofrecían a sus colegas habaneros en la primera mitad del
siglo XIX, así fue la oferta que artistas contemporáneos de la
localidad hicieron a la Oncena Bienal. Una producción artística,
auténtica, genuina, quedó allí, en algún lugar de La Habana.
Bienaventurados los que distanciados de La caza del éxito se
aproximaron a Sopa 3B, a esos 10 kioscos-timbiriches donde los
"artistas" expendían la buena, bonita y barata obra de arte
miércoles, 27 de junio de 2012
Bueno, bonito y barato. Camagüeyanos en la XI Bienal de La Habana.
La Oncena Bienal, realizada entre el 11 de mayo y el 11 de junio de
2012, vino a ser una lección de ética y estética para cualquier
receptor, una encrucijada que exigía agudeza para penetrar en los
intersticios de una realidad insoslayablemente compleja; tan compleja
e insoslayable como el hecho de subrayar la autenticidad y cubanía de
obras realizadas por artistas radicados en otros contextos o aquellas
que, pensadas o elaboradas por residentes en Cuba, no podrían
realizarse sin el financiamiento de patrocinadores extranjeros.
Especial espacio merece el proyecto curatorial Sopa 3B, del
licenciado Juan Gutiérrez Sartre, una suerte de expo venta bajo los
presupuestos de bueno, bonito y barato en el que los artistas devienen
"cuentapropistas" y, por tanto, someten a consideración del público
sus producciones artísticas bajo el simbólico o "módico" precio de 1
CUC o su equivalente en Moneda Nacional, 25 pesos. ¿Anuncio de "nuevas
prácticas artísticas e imaginarios sociales"? Un paralelo entre Sopa
3B, con sede en el entorno de la Galería Wifredo Lam, en Marianao y La
caza del éxito, curaduría de Nelson Herrera Ysla, en el Centro de
Desarrollo de las Artes Plásticas, ubicado en la Plaza Vieja del
Centro Histórico de La Habana, Patrimonio de la Humanidad, permite
algunas consideraciones al respecto.
Mientras La caza… legitimaba en el espacio galerístico la
reconstrucción popular de las obras de los maestros vanguardista del
arte en Cuba y América: Lam, Víctor Manuel, Mariano, Frida Kalo y
Botero, entre otros, junto a elementos símbolos de la República
Neocolonial como balaustradas lumínicas, copones, leones, chapas de
automóviles y cuantas figuras de yeso podamos imaginar; Sopa 3B se
sumergía en la práctica de propiciar al transeúnte del entorno del
anfiteatro de Marianao la adquisición de una obra de factura y
concepto legalmente contemporáneo. De modo que si La caza… proponía un
discurso museográfico integrado por obras de probada demanda en el
ámbito urbano capitalino —con franca extensión al interior de la
isla—; Sopa 3B construía una especie de timbiriches en los que
adquirir, no a través de un intermediario como ocurre en el caso de
las re-reproducciones de La caza…, sino directamente a sus autores una
pieza artística. En la Plaza Vieja del centro Histórico de La Habana,
"artesanos, productores (como suelen llamarse ellos mismos) y en menor
cuantía artistas". En las inmediaciones del Anfiteatro de Marianao,
profesionales y creadores del Camagüey en un genuino salto de la
periferia —en cuanto a isla— a una periferia "otra" —en el ámbito
capitalino.
Así, durante tres jornadas (28, 29 y 30 de mayo), desde las 10 de la
mañana y hasta entrada la tarde, la memoria del Camagüey se hizo
mercancía en arte. La reciente producción de elefantes en óleo sobre
lienzo que conectan a Oscar Rodríguez Martínez (Oscar Jr.) con su
infancia, siempre con esa sólida composición y factura que él mismo se
exige; las sólidas escenas callejeras de Asniel Herrera (Chuly) que
parecen desdibujarse tras el paso de un tiempo reciente, y las
imágenes de una ciudad que se resiste a perderse en los paisajes de
Enrique Murgas, Alí Hamouní y, en una dimensión de mayor
universalidad, en las citadinas de Jorge Luis Pulido, alternaron con
las sólidas figuras, fantasmagóricas por su lejanía, de Joel González
Pallerolls, los grabados de Alexis Pérez Ruiz, Marlon García Sardiñas
y la invitada Silvia Nacy Barrios quienes jugaban con la gráfica de
los 60 ahora recontextualizada en el siglo XXI. A ello se añadía el
juego que establece Eduardo Castillo mediante la combinación de una
tecnología ya en desuso —disquete 3 ½ — y la siempre picardía erótica
que ha acompañado a los seres humanos de por vida y las estampas
fotográficas de carácter teatral de Annielsis Pérez.
De todo había en la viña del Señor. Estaban allí las canoas de Eduardo
Rosales Ruíz, acompañadas de oportunos fragmentos de historias
publicadas en la prensa; los girasoles y una amplia gama de deidades
afrocubanas de Julio Hernández; los candentes comentarios de Néstor
Siré y la desalentadora poética existencial de Juan Gutiérrez Sastre y
Damián Borges de León; todos discursos que alzaban la voz, desde el
arte, por un espacio más tangible para los artistas. El quehacer
Kevin Ávila (Akero) con sus caricaturescos seres, los grabados de
Thaimí Bautista y Leonardo P. Rodríguez, los rostros en carboncillos
de Yanel Hernández Prieto, y la síntesis visual en las imágenes de
David González Pérez, retaron a los transeúntes de Marianao, muchos de
ellos, sin lugar a dudas, fieles amantes de las piezas que se
exponían en La caza del éxito.
Como aquel queso de Najasa o la barra de guayaba que intelectuales
camagüeyanos ofrecían a sus colegas habaneros en la primera mitad del
siglo XIX, así fue la oferta que artistas contemporáneos de la
localidad hicieron a la Oncena Bienal. Una producción artística,
auténtica, genuina, quedó allí, en algún lugar de La Habana.
Bienaventurados los que distanciados de La caza del éxito se
aproximaron a Sopa 3B, a esos 10 kioscos-timbiriches donde los
"artistas" expendían la buena, bonita y barata obra de arte.
2012, vino a ser una lección de ética y estética para cualquier
receptor, una encrucijada que exigía agudeza para penetrar en los
intersticios de una realidad insoslayablemente compleja; tan compleja
e insoslayable como el hecho de subrayar la autenticidad y cubanía de
obras realizadas por artistas radicados en otros contextos o aquellas
que, pensadas o elaboradas por residentes en Cuba, no podrían
realizarse sin el financiamiento de patrocinadores extranjeros.
Especial espacio merece el proyecto curatorial Sopa 3B, del
licenciado Juan Gutiérrez Sartre, una suerte de expo venta bajo los
presupuestos de bueno, bonito y barato en el que los artistas devienen
"cuentapropistas" y, por tanto, someten a consideración del público
sus producciones artísticas bajo el simbólico o "módico" precio de 1
CUC o su equivalente en Moneda Nacional, 25 pesos. ¿Anuncio de "nuevas
prácticas artísticas e imaginarios sociales"? Un paralelo entre Sopa
3B, con sede en el entorno de la Galería Wifredo Lam, en Marianao y La
caza del éxito, curaduría de Nelson Herrera Ysla, en el Centro de
Desarrollo de las Artes Plásticas, ubicado en la Plaza Vieja del
Centro Histórico de La Habana, Patrimonio de la Humanidad, permite
algunas consideraciones al respecto.
Mientras La caza… legitimaba en el espacio galerístico la
reconstrucción popular de las obras de los maestros vanguardista del
arte en Cuba y América: Lam, Víctor Manuel, Mariano, Frida Kalo y
Botero, entre otros, junto a elementos símbolos de la República
Neocolonial como balaustradas lumínicas, copones, leones, chapas de
automóviles y cuantas figuras de yeso podamos imaginar; Sopa 3B se
sumergía en la práctica de propiciar al transeúnte del entorno del
anfiteatro de Marianao la adquisición de una obra de factura y
concepto legalmente contemporáneo. De modo que si La caza… proponía un
discurso museográfico integrado por obras de probada demanda en el
ámbito urbano capitalino —con franca extensión al interior de la
isla—; Sopa 3B construía una especie de timbiriches en los que
adquirir, no a través de un intermediario como ocurre en el caso de
las re-reproducciones de La caza…, sino directamente a sus autores una
pieza artística. En la Plaza Vieja del centro Histórico de La Habana,
"artesanos, productores (como suelen llamarse ellos mismos) y en menor
cuantía artistas". En las inmediaciones del Anfiteatro de Marianao,
profesionales y creadores del Camagüey en un genuino salto de la
periferia —en cuanto a isla— a una periferia "otra" —en el ámbito
capitalino.
Así, durante tres jornadas (28, 29 y 30 de mayo), desde las 10 de la
mañana y hasta entrada la tarde, la memoria del Camagüey se hizo
mercancía en arte. La reciente producción de elefantes en óleo sobre
lienzo que conectan a Oscar Rodríguez Martínez (Oscar Jr.) con su
infancia, siempre con esa sólida composición y factura que él mismo se
exige; las sólidas escenas callejeras de Asniel Herrera (Chuly) que
parecen desdibujarse tras el paso de un tiempo reciente, y las
imágenes de una ciudad que se resiste a perderse en los paisajes de
Enrique Murgas, Alí Hamouní y, en una dimensión de mayor
universalidad, en las citadinas de Jorge Luis Pulido, alternaron con
las sólidas figuras, fantasmagóricas por su lejanía, de Joel González
Pallerolls, los grabados de Alexis Pérez Ruiz, Marlon García Sardiñas
y la invitada Silvia Nacy Barrios quienes jugaban con la gráfica de
los 60 ahora recontextualizada en el siglo XXI. A ello se añadía el
juego que establece Eduardo Castillo mediante la combinación de una
tecnología ya en desuso —disquete 3 ½ — y la siempre picardía erótica
que ha acompañado a los seres humanos de por vida y las estampas
fotográficas de carácter teatral de Annielsis Pérez.
De todo había en la viña del Señor. Estaban allí las canoas de Eduardo
Rosales Ruíz, acompañadas de oportunos fragmentos de historias
publicadas en la prensa; los girasoles y una amplia gama de deidades
afrocubanas de Julio Hernández; los candentes comentarios de Néstor
Siré y la desalentadora poética existencial de Juan Gutiérrez Sastre y
Damián Borges de León; todos discursos que alzaban la voz, desde el
arte, por un espacio más tangible para los artistas. El quehacer
Kevin Ávila (Akero) con sus caricaturescos seres, los grabados de
Thaimí Bautista y Leonardo P. Rodríguez, los rostros en carboncillos
de Yanel Hernández Prieto, y la síntesis visual en las imágenes de
David González Pérez, retaron a los transeúntes de Marianao, muchos de
ellos, sin lugar a dudas, fieles amantes de las piezas que se
exponían en La caza del éxito.
Como aquel queso de Najasa o la barra de guayaba que intelectuales
camagüeyanos ofrecían a sus colegas habaneros en la primera mitad del
siglo XIX, así fue la oferta que artistas contemporáneos de la
localidad hicieron a la Oncena Bienal. Una producción artística,
auténtica, genuina, quedó allí, en algún lugar de La Habana.
Bienaventurados los que distanciados de La caza del éxito se
aproximaron a Sopa 3B, a esos 10 kioscos-timbiriches donde los
"artistas" expendían la buena, bonita y barata obra de arte.
BUENO, BONITO Y BARATO. CAMAGÜEYANOS EN LA XI BIENAL DE LA HABANA
La Oncena Bienal, realizada entre el 11 de mayo y el 11 de junio de
2012, vino a ser una lección de ética y estética para cualquier
receptor, una encrucijada que exigía agudeza para penetrar en los
intersticios de una realidad insoslayablemente compleja; tan compleja
e insoslayable como el hecho de subrayar la autenticidad y cubanía de
obras realizadas por artistas radicados en otros contextos o aquellas
que, pensadas o elaboradas por residentes en Cuba, no podrían
realizarse sin el financiamiento de patrocinadores extranjeros.
Especial espacio merece el proyecto curatorial Sopa 3B, del
licenciado Juan Gutiérrez Sartre, una suerte de expo venta bajo los
presupuestos de bueno, bonito y barato en el que los artistas devienen
"cuentapropistas" y, por tanto, someten a consideración del público
sus producciones artísticas bajo el simbólico o "módico" precio de 1
CUC o su equivalente en Moneda Nacional, 25 pesos. ¿Anuncio de "nuevas
prácticas artísticas e imaginarios sociales"? Un paralelo entre Sopa
3B, con sede en el entorno de la Galería Wifredo Lam, en Marianao y La
caza del éxito, curaduría de Nelson Herrera Ysla, en el Centro de
Desarrollo de las Artes Plásticas, ubicado en la Plaza Vieja del
Centro Histórico de La Habana, Patrimonio de la Humanidad, permite
algunas consideraciones al respecto.
Mientras La caza… legitimaba en el espacio galerístico la
reconstrucción popular de las obras de los maestros vanguardista del
arte en Cuba y América: Lam, Víctor Manuel, Mariano, Frida Kalo y
Botero, entre otros, junto a elementos símbolos de la República
Neocolonial como balaustradas lumínicas, copones, leones, chapas de
automóviles y cuantas figuras de yeso podamos imaginar; Sopa 3B se
sumergía en la práctica de propiciar al transeúnte del entorno del
anfiteatro de Marianao la adquisición de una obra de factura y
concepto legalmente contemporáneo. De modo que si La caza… proponía un
discurso museográfico integrado por obras de probada demanda en el
ámbito urbano capitalino —con franca extensión al interior de la
isla—; Sopa 3B construía una especie de timbiriches en los que
adquirir, no a través de un intermediario como ocurre en el caso de
las re-reproducciones de La caza…, sino directamente a sus autores una
pieza artística. En la Plaza Vieja del centro Histórico de La Habana,
"artesanos, productores (como suelen llamarse ellos mismos) y en menor
cuantía artistas". En las inmediaciones del Anfiteatro de Marianao,
profesionales y creadores del Camagüey en un genuino salto de la
periferia —en cuanto a isla— a una periferia "otra" —en el ámbito
capitalino.
Así, durante tres jornadas (28, 29 y 30 de mayo), desde las 10 de la
mañana y hasta entrada la tarde, la memoria del Camagüey se hizo
mercancía en arte. La reciente producción de elefantes en óleo sobre
lienzo que conectan a Oscar Rodríguez Martínez (Oscar Jr.) con su
infancia, siempre con esa sólida composición y factura que él mismo se
exige; las sólidas escenas callejeras de Asniel Herrera (Chuly) que
parecen desdibujarse tras el paso de un tiempo reciente, y las
imágenes de una ciudad que se resiste a perderse en los paisajes de
Enrique Murgas, Alí Hamouní y, en una dimensión de mayor
universalidad, en las citadinas de Jorge Luis Pulido, alternaron con
las sólidas figuras, fantasmagóricas por su lejanía, de Joel González
Pallerolls, los grabados de Alexis Pérez Ruiz, Marlon García Sardiñas
y la invitada Silvia Nacy Barrios quienes jugaban con la gráfica de
los 60 ahora recontextualizada en el siglo XXI. A ello se añadía el
juego que establece Eduardo Castillo mediante la combinación de una
tecnología ya en desuso —disquete 3 ½ — y la siempre picardía erótica
que ha acompañado a los seres humanos de por vida y las estampas
fotográficas de carácter teatral de Annielsis Pérez.
De todo había en la viña del Señor. Estaban allí las canoas de Eduardo
Rosales Ruíz, acompañadas de oportunos fragmentos de historias
publicadas en la prensa; los girasoles y una amplia gama de deidades
afrocubanas de Julio Hernández; los candentes comentarios de Néstor
Siré y la desalentadora poética existencial de Juan Gutiérrez Sastre y
Damián Borges de León; todos discursos que alzaban la voz, desde el
arte, por un espacio más tangible para los artistas. El quehacer
Kevin Ávila (Akero) con sus caricaturescos seres, los grabados de
Thaimí Bautista y Leonardo P. Rodríguez, los rostros en carboncillos
de Yanel Hernández Prieto, y la síntesis visual en las imágenes de
David González Pérez, retaron a los transeúntes de Marianao, muchos de
ellos, sin lugar a dudas, fieles amantes de las piezas que se
exponían en La caza del éxito.
Como aquel queso de Najasa o la barra de guayaba que intelectuales
camagüeyanos ofrecían a sus colegas habaneros en la primera mitad del
siglo XIX, así fue la oferta que artistas contemporáneos de la
localidad hicieron a la Oncena Bienal. Una producción artística,
auténtica, genuina, quedó allí, en algún lugar de La Habana.
Bienaventurados los que distanciados de La caza del éxito se
aproximaron a Sopa 3B, a esos 10 kioscos-timbiriches donde los
"artistas" expendían la buena, bonita y barata obra de arte.
2012, vino a ser una lección de ética y estética para cualquier
receptor, una encrucijada que exigía agudeza para penetrar en los
intersticios de una realidad insoslayablemente compleja; tan compleja
e insoslayable como el hecho de subrayar la autenticidad y cubanía de
obras realizadas por artistas radicados en otros contextos o aquellas
que, pensadas o elaboradas por residentes en Cuba, no podrían
realizarse sin el financiamiento de patrocinadores extranjeros.
Especial espacio merece el proyecto curatorial Sopa 3B, del
licenciado Juan Gutiérrez Sartre, una suerte de expo venta bajo los
presupuestos de bueno, bonito y barato en el que los artistas devienen
"cuentapropistas" y, por tanto, someten a consideración del público
sus producciones artísticas bajo el simbólico o "módico" precio de 1
CUC o su equivalente en Moneda Nacional, 25 pesos. ¿Anuncio de "nuevas
prácticas artísticas e imaginarios sociales"? Un paralelo entre Sopa
3B, con sede en el entorno de la Galería Wifredo Lam, en Marianao y La
caza del éxito, curaduría de Nelson Herrera Ysla, en el Centro de
Desarrollo de las Artes Plásticas, ubicado en la Plaza Vieja del
Centro Histórico de La Habana, Patrimonio de la Humanidad, permite
algunas consideraciones al respecto.
Mientras La caza… legitimaba en el espacio galerístico la
reconstrucción popular de las obras de los maestros vanguardista del
arte en Cuba y América: Lam, Víctor Manuel, Mariano, Frida Kalo y
Botero, entre otros, junto a elementos símbolos de la República
Neocolonial como balaustradas lumínicas, copones, leones, chapas de
automóviles y cuantas figuras de yeso podamos imaginar; Sopa 3B se
sumergía en la práctica de propiciar al transeúnte del entorno del
anfiteatro de Marianao la adquisición de una obra de factura y
concepto legalmente contemporáneo. De modo que si La caza… proponía un
discurso museográfico integrado por obras de probada demanda en el
ámbito urbano capitalino —con franca extensión al interior de la
isla—; Sopa 3B construía una especie de timbiriches en los que
adquirir, no a través de un intermediario como ocurre en el caso de
las re-reproducciones de La caza…, sino directamente a sus autores una
pieza artística. En la Plaza Vieja del centro Histórico de La Habana,
"artesanos, productores (como suelen llamarse ellos mismos) y en menor
cuantía artistas". En las inmediaciones del Anfiteatro de Marianao,
profesionales y creadores del Camagüey en un genuino salto de la
periferia —en cuanto a isla— a una periferia "otra" —en el ámbito
capitalino.
Así, durante tres jornadas (28, 29 y 30 de mayo), desde las 10 de la
mañana y hasta entrada la tarde, la memoria del Camagüey se hizo
mercancía en arte. La reciente producción de elefantes en óleo sobre
lienzo que conectan a Oscar Rodríguez Martínez (Oscar Jr.) con su
infancia, siempre con esa sólida composición y factura que él mismo se
exige; las sólidas escenas callejeras de Asniel Herrera (Chuly) que
parecen desdibujarse tras el paso de un tiempo reciente, y las
imágenes de una ciudad que se resiste a perderse en los paisajes de
Enrique Murgas, Alí Hamouní y, en una dimensión de mayor
universalidad, en las citadinas de Jorge Luis Pulido, alternaron con
las sólidas figuras, fantasmagóricas por su lejanía, de Joel González
Pallerolls, los grabados de Alexis Pérez Ruiz, Marlon García Sardiñas
y la invitada Silvia Nacy Barrios quienes jugaban con la gráfica de
los 60 ahora recontextualizada en el siglo XXI. A ello se añadía el
juego que establece Eduardo Castillo mediante la combinación de una
tecnología ya en desuso —disquete 3 ½ — y la siempre picardía erótica
que ha acompañado a los seres humanos de por vida y las estampas
fotográficas de carácter teatral de Annielsis Pérez.
De todo había en la viña del Señor. Estaban allí las canoas de Eduardo
Rosales Ruíz, acompañadas de oportunos fragmentos de historias
publicadas en la prensa; los girasoles y una amplia gama de deidades
afrocubanas de Julio Hernández; los candentes comentarios de Néstor
Siré y la desalentadora poética existencial de Juan Gutiérrez Sastre y
Damián Borges de León; todos discursos que alzaban la voz, desde el
arte, por un espacio más tangible para los artistas. El quehacer
Kevin Ávila (Akero) con sus caricaturescos seres, los grabados de
Thaimí Bautista y Leonardo P. Rodríguez, los rostros en carboncillos
de Yanel Hernández Prieto, y la síntesis visual en las imágenes de
David González Pérez, retaron a los transeúntes de Marianao, muchos de
ellos, sin lugar a dudas, fieles amantes de las piezas que se
exponían en La caza del éxito.
Como aquel queso de Najasa o la barra de guayaba que intelectuales
camagüeyanos ofrecían a sus colegas habaneros en la primera mitad del
siglo XIX, así fue la oferta que artistas contemporáneos de la
localidad hicieron a la Oncena Bienal. Una producción artística,
auténtica, genuina, quedó allí, en algún lugar de La Habana.
Bienaventurados los que distanciados de La caza del éxito se
aproximaron a Sopa 3B, a esos 10 kioscos-timbiriches donde los
"artistas" expendían la buena, bonita y barata obra de arte.
martes, 26 de junio de 2012
El Museo Agramonte en la Exposición de la Feria Ganadera 2012
Con un fin absolutamente comercial en una de las más grandes haciendas
de la villa en el XVII o en el entorno de la Plaza de Beatriz de
Méndez en el XVIII y con una dimensión cultural insospechada en el
Casino Campestre en los siglos XIX y XX, las ferias ganaderas de
Camagüey constituyen un importante mosaico de su memoria. Producción,
comercialización, tradición e interés por el progreso de la "patria
chica" se entrelazan con una de las fiestas más populares de la
región: el San Juan Camagüeyano.
Poseer las más puras y productivas de las razas ganaderas en la isla y
obtener una medalla, trofeo o galardón en una de las ediciones de la
Feria Ganadera, apenas es una intención, un propósito, o una
satisfacción del productor; en su connotación cultural y entorno a
ello, se muestra el trabajo artesanal de los talabarteleros, el arte
de los herreros que personalizan el hierro de marcar las reses, el
estribo por el que se ha de montar a caballo, o el cencerro que
servirá de guía al montero. Hay, en ese mundo de festividad, un goce
estético para diseñar cada elemento que gira en torno a la Exposición
de la Feria Ganadera y ninguno puede quedar olvidado, de hecho, cada
edición será un desafío para sus organizadores, que se empeñarán en
enriquecer la muestra con lo mejor del "país", como se llamaba
entonces a la villa.
En función de recordar esa cultura, el Museo Provincial Ignacio
Agramonte ha traído a este espacio un conjunto de piezas o exponentes
de sus colecciones; evidencias de ese importante eslabón en la memoria
del Camagüey y sus habitantes: fotografías, montura, estribo,
cencerro, medallas, cintas de feria, tijeras para cortar tarros y
trofeos, son obras referentes de una sólida cultura a la que es
preciso penetrar.
de la villa en el XVII o en el entorno de la Plaza de Beatriz de
Méndez en el XVIII y con una dimensión cultural insospechada en el
Casino Campestre en los siglos XIX y XX, las ferias ganaderas de
Camagüey constituyen un importante mosaico de su memoria. Producción,
comercialización, tradición e interés por el progreso de la "patria
chica" se entrelazan con una de las fiestas más populares de la
región: el San Juan Camagüeyano.
Poseer las más puras y productivas de las razas ganaderas en la isla y
obtener una medalla, trofeo o galardón en una de las ediciones de la
Feria Ganadera, apenas es una intención, un propósito, o una
satisfacción del productor; en su connotación cultural y entorno a
ello, se muestra el trabajo artesanal de los talabarteleros, el arte
de los herreros que personalizan el hierro de marcar las reses, el
estribo por el que se ha de montar a caballo, o el cencerro que
servirá de guía al montero. Hay, en ese mundo de festividad, un goce
estético para diseñar cada elemento que gira en torno a la Exposición
de la Feria Ganadera y ninguno puede quedar olvidado, de hecho, cada
edición será un desafío para sus organizadores, que se empeñarán en
enriquecer la muestra con lo mejor del "país", como se llamaba
entonces a la villa.
En función de recordar esa cultura, el Museo Provincial Ignacio
Agramonte ha traído a este espacio un conjunto de piezas o exponentes
de sus colecciones; evidencias de ese importante eslabón en la memoria
del Camagüey y sus habitantes: fotografías, montura, estribo,
cencerro, medallas, cintas de feria, tijeras para cortar tarros y
trofeos, son obras referentes de una sólida cultura a la que es
preciso penetrar.
domingo, 3 de junio de 2012
Invitación
Queridos Todos:
La exposición "Mi imagen de la Caridad" del Centro Cultural Claretiano
estará abierta hasta el día 23 de junio. Consta de los cuadros dedicados a
la Virgen que ha adquirido este centro en los salones nacionales de Arte
Religioso y una serie de bocetos de Miguel Sánchez sobre la historia de la
Virgen de la Caridad, y que fue un proyecto de murales para El Cobre,
proyecto frustrado por la muerte temprana de su autor. El horario es de
martes a viernes de 9.00 a.m. a 12.30 a.m. Los sábados de 9.00 a.m. a 11.30
a.m. Pueden visitar grupos en otros horarios, previa coordinación con
Martica en el 295796 (en el horario museo). Además podrán visitar el
memorial dedicado a Mons. Adolfo, a la exposición de sus objetos personales
se unen unas reliquias funerarias (casulla y estola).
Gracias por su atención, y los esperamos
Osvaldo Gallardo
La exposición "Mi imagen de la Caridad" del Centro Cultural Claretiano
estará abierta hasta el día 23 de junio. Consta de los cuadros dedicados a
la Virgen que ha adquirido este centro en los salones nacionales de Arte
Religioso y una serie de bocetos de Miguel Sánchez sobre la historia de la
Virgen de la Caridad, y que fue un proyecto de murales para El Cobre,
proyecto frustrado por la muerte temprana de su autor. El horario es de
martes a viernes de 9.00 a.m. a 12.30 a.m. Los sábados de 9.00 a.m. a 11.30
a.m. Pueden visitar grupos en otros horarios, previa coordinación con
Martica en el 295796 (en el horario museo). Además podrán visitar el
memorial dedicado a Mons. Adolfo, a la exposición de sus objetos personales
se unen unas reliquias funerarias (casulla y estola).
Gracias por su atención, y los esperamos
Osvaldo Gallardo
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